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viernes, 5 de agosto de 2011

Primera imagen de Anne Hathaway como Catwoman

Acá está la primera toma desde el set que muestra como se verá Catwoman en The Dark Night Rises. ¿Les gusta o no?


sábado, 23 de julio de 2011

Everardo González y el documental mexicano




Si el cine de ficción en México presenta problemas con la producción, exhibición y distribución, ni hablemos de lo que padece el cine documental; bueno, mejor sí, hablemos de él.

Sé que ahora muchos asocian al documental con un extenso promocional jurídico que llegó a las salas de cine recientemente (Presunto Culpable) –aquí los exhibidores eran igualmente productores, anormal coincidencia que le favoreció drásticamente- y que se  valió de una serie de no muy claras estrategias para atraer público. Pero no, el documental existe desde mucho antes.

Una carta abierta de distintos documentalistas mexicanos marcaba una postura lejos de las ideas de los responsables de dicha obra. La mayor crítica recaía –creo yo- en el discurso que se asumía como objetivo, como portador de la Verdad absoluta; y es que si algo marca a una obra es la carga subjetiva que lleva. Bien se dice en esta carta que decidir el encuadre ya es excluir.



Uno de los tantos firmantes de la carta es Everardo González, un hombre que gusta de contar historias, de esas que suceden todos los días frente a nosotros, al lado. Pues si bien la ficción nos cuenta las historias de lo que “puede ser”, el documental retoma fragmentos de esta realidad, para algunos doliente, para otros un cúmulo de derrotas, para otros su vida al fin y al cabo.

Los personajes típicos de la ficción cinematográfica (en su mayoría) son jóvenes que habitan espacios urbanos, pertenecen cuando menos a la clase media, están insertos en esta dinámica global, con dudas existenciales, pero con las necesidades básicas resueltas. Y así no son los personajes –sujetos de carne y hueso al fin- del cine de Everardo González.

Tras unos cortos de carácter documental, en el año de 2006 filma la que será su tesis en el CCC “La canción del pulque” Y he aquí una declaración de principios.

En un país tan desigual como el nuestro, tan variado,  tan multicultural, es obvio que millones de gentes no se ven identificadas con las historias que muestran el cine, la televisión, la literatura. Siguen siendo los olvidados de Buñuel, pero estos –reitero- son de carne y hueso, tienen nombre y una historia detrás.

Nada más lejos del clamor popular que el pulque, ancestral bebida usada por pueblos prehispánicos para sus ritos sagrados, pero hoy día asociada –despectivamente- a las clases bajas, a los seres marginales, a los barrios, a los pueblos. Añadamos el asco que produce en una gran cantidad de personas debido al famoso “muñeco” con el que la bebida se fermenta, en síntesis hay una serie de prejuicios alrededor de tan noble bebida.

Y González nos lleva al campo, particularmente al estado de Tlaxcala, para saber de hombres que elaboran la bebida y que plantean un problema ajeno para la mayoría: se están acabando las reservas naturales, ya no habrá en algunos años de donde sacar el pulque. Y ante esa duda que lleva implícita la interrogante de qué harán estos “pulqueros” cuando ese día llegue, nos encontramos de pronto con los parroquianos de una “pulcata” llamada La Pirata.

Charlan animosamente, cantan, celebran, comparten; la vida que les ha negado muchas posibilidades les retribuye a modo de un extenso surtido de curados.

La naturalidad que nos ofrecen hombres y mujeres del lugar ante la cámara es gracias al trabajo previo del director, al lograr haberse hecho uno más de esa pequeña sociedad. La cámara pues, dejó de ser una intrusa. Repasar juntos la vida –en palabras de González-. Ellos y él, y nosotros los espectadores.



Tras premios en distintos festivales y una corrida por ciertas salas destinadas al cine no comercial, dos años después apareció el siguiente documental de González, que llevaba por título “Los ladrones viejos”.

Aquí encontramos hombres similares a los de La canción del pulque, con una leve diferencia. Los protagonistas de la obra, son todos, ladrones (carteristas, asaltantes, estafadores) quienes narran con lujo de detalles como practicaban su oficio.

Rememoran ese pasado lleno de juventud, de posibilidades, de riesgos, ese atajo que un día tomaron y que les permitió salir de las condiciones de pobreza en las cuales habían nacido. Arrebataban mucho de lo que la vida les había negado desde temprana edad.

Y sin hacer apología de crimen, si nos muestra que estos hombres a pesar de cometer una serie de crímenes tenían un código (intentaban no dañar físicamente a nadie, mostraban signos de humanidad), algo que suena impensable para nuestras historias criminales actuales.

Con ayuda de material fílmico de archivo se construye –gracias a una impecable edición- una ágil historia, donde los contrastes de las imágenes antiguas y las contemporáneas nos brindan un completo panorama del antes y el ahora de estos nuestros ladrones viejos.



El cielo abierto es la más reciente producción del documentalista. Trata sobre los diarios de Oscar Romero, sacerdote salvadoreño, pero más que nada, un testigo de la dolorosa guerrilla que aquel país sufrió.



Por igual interesante resulta la historia detrás del documental. Una vez encargado al realizador, y habiendo llegado a la etapa del primer corte, preocupa a quienes le financian y deciden retirar el apoyo (incomodaba la visión del Religioso que ofrecía el documental). Después inicia la lucha de González por los derechos y porque esa obra pueda ser exhibida, y logra difundirle. De hecho la película estuvo siendo exhibida en un sitio por internet previo pago 5 dólares (ignoro sin aún se pueda ver así).

Viren al documental, mexicano por ejemplo, no todo es ficción, estas obras nos muestran un poco de lo que somos.

Thomas Vinterberg. Mi danés favorito.




La filmografía danesa no ha ocupado un papel central en la historia del cine. Países como Alemania, Italia, Rusia, Francia o Inglaterra tienen una más nutrida y difundida producción.

Con todo y que Carl Dreyer era danés de nacimiento, no será hasta 1995 cuando Dinamarca sea asociado con el cine y sobre todo con la vanguardia artística.

Ese año 4 cineastas daneses se reunieron para formar un movimiento llamado DOGMA 95. El punto de partida era crear una Doctrina, un decálogo, que buscaba replantear el cine, refundarlo. Eliminar todos los artilugios de los que una industria como Hollywood se vale para contar historias.

Ellos eran Kristen Levring, Soren Kragh-Jacobsen, y a la cabeza del movimiento estaban el genial y polémico Lars Von Trier y Thomas Vinterberg. Sé que Von Trier atrae las miradas y los elogios de todos; y que pasará a la posteridad. Pero hacer estrategias publicitarias como la de Cannes –aludiendo a una simpatía nazi y avergonzando a una actriz- no hace más que demeritar al creador y por ende su obra –pues no podemos disociarles del todo-.

El decálogo en términos generales buscaba eliminar las ventajas que otorga la postproducción (corrección de color, agregar audio a lo ya filmado, musicalizar), optimizar usando los recursos mínimos de producción (jamás filmar en foros, usar el hombro como el único soporte para la cámara, no ponerle a esta ninguna clase de filtro) y sobre todo cuidar la estructura de la historia a partir el guión (se prohibía el asesinato, se negaba la película de género y no se podía romper la secuencia natural del tiempo y espacio, es decir, no podría usarse el flashback, recurso constante en el cine). La cereza incluía eliminar el efecto narcisista de los créditos en la obra, eran películas “sin director”

Tras el saldo de las cuatro primeras obras Dogma se demostró que era prácticamente imposible mantener incólume al decálogo sagrado. Desde el que usó un árbol como soporte de la cámara, hasta el que agregó música en postproducción rompieron las reglas. Ellos avanzaron más allá de los 10 mandamientos no sin antes contagiar a una serie de nuevos realizadores que buscaban el certificado de autenticidad –la aprobación de los 4 dogmáticos para estas obras-.

Y es acá cuando llegamos a Vinterberg. El ocupa una posición secundaria gracias a que los reflectores se dirigen a Von Trier. Sin embargo retomo su obra pues me parece constante, y esta cualidad es difícil de encontrar en una filmografía.

Si bien tiene una primera obra, comenzaremos a partir de Festen (1998). Llamada en español “La celebración”, trata de una importante reunión familiar para celebrar al Patriarca. Un fin de semana en la casa de campo nos remite a la fiesta de cualquier familia ordinaria. Sin embargo los recuerdos atroces de los hijos, traídos al presente por la confesión del primogénito (Ulrich Thomsen, quien también ha protagonizado Allegro de Christoffer Boe) provocarán un cisma al interior de esa familia en apariencia normal.

Más caótico aún resulta este microcosmos cuando la cámara nos lleva de aquí para allá sin estabilidad alguna, la cámara al hombro corre despavorida persiguiendo a los actores, se preocupa muy poco por enfocar lo que nuestros ojos perciben. La textura granulada remite a una obsesión en esos años de Vinterberg (filma un video para Blur y la imagen es muy similar).



Tras algunas obras para la tv llega a Hollywood y filma “It´s all about love” con un envidiable reparto. Joaquin Phoenix, Claire Danes y por supuesto Sean Penn.

Vinterberg nos habla de un mundo donde encontrar seres muertos en una escalera eléctrica o en un bote de basura es algo habitual. Donde la clonación se usa como un recurso para la sobreexplotación del hombre. Una patinadora  –Danes- y su ex esposo –Phoenix- se encuentran en medio de una red de intrigas. Los que consideran amigos parecen no serlo, y como en Festen los personajes esconden secretos. Mentir quizá como posibilidad para mantenerse con vida. Al final los amantes buscan escapar de todo y el final es una suerte de homenaje a Dolls de Takeshi Kitano (con la pareja en medio de la nieve).



Y por último retomaremos una obra donde las dos mentes maestras detrás de Dogma se unen para hacer una radiografía de la violencia en los Estados Unidos.

Dear Wendy es una película dirigida por Vinterberg y con guión de Von Trier. Dick, un chico que queda huérfano en un pueblo donde todo lo que hay es una mina, nos narra el profundo amor que siente por Wendy, un arma con nombre femenino. Gracias a la conformación de un club secreto, Dick y otros jóvenes estigmatizados como perdedores por una sociedad que les niega posibilidades de ser, harán de sus armas los elementos a partir de los cuales girará su vida.

Estoy armado luego existo, axioma que se sostiene en una de las enmiendas de la ley norteamericana. Justificación para una violenta cultura donde –como en la película- jóvenes pacifistas o belicistas quedan a mitad del camino pues unas balas perdidas terminan con sus planes y proyectos de vida. Una sociedad patológica produce sujetos afectados física y emocionalmente. Cruda metáfora que muestra las entrañas del imperialista vecino musicalizado con Time of the season de The Zombies.




Valga este texto para revisar la solvente y constante obra previa de Vinterberg o Submarino (ahora en cartelera) que mantiene las obsesiones del autor (infancias sórdidas, secretos, desolación, crudeza)o incluso la de otros daneses como Lars Von Trier, los Dogma, Jorgen Leth, Susanne Bier o Christoffer Boe que van poniendo a Dinamarca en el mapamundi cinematográfico. 

sábado, 18 de junio de 2011

8 & 1/2 de Federico Fellini




En el mundo digital de hoy, “FF” podría significar muchas cosas. Pero ésas dos efes unidas fueron relacionadas previa y casi exclusivamente (en sentido artístico) con el italiano Federico Fellini.

A edad temprana se acercó al dibujo, buscó colaboraciones en distintos medios. Posteriormente ingresó en el vasto mundo de las letras, como guionista de cómics; pasó por la  radio, hasta que nutrió al cine con sus ideas, colaborando en los guiones de al menos una decena de obras, incluyendo Roma Ciudad Abierta de Roberto Rossellini. Debuta en la dirección con El Sheik Blanco, con un guión elaborado por Michelangelo Antonioni y Ennio Flaiano, quien se hará un colaborador habitual.

Pero centrémonos en la obra mencionada en el título. Ocho y medio ha sido reconocida más de una vez dentro de los listados TOP TEN a mejores filmes. Se llama así por los largometrajes que llevaba filmados FF, más un segmento en Bocaccio70 (obra coral). Elijo la obra por la fascinación que me provoca ver películas cuya premisa consiste en hablar del cine mismo.

En la secuencia inicial las obsesiones del autor en su variada filmografía se hacen presentes. Guido Anselmi –exitoso director de cine interpretado por Marcello Mastroianni- se encuentra en medio de una crisis creativa. Hay una sensación de asfixia obtenida tras haber desnudado su alma, sabe que el público ansía más, se teme defraudar expectativas personales y ajenas, se pierde en el sendero.



La cámara -que por momentos flota, por instantes permanece inmóvil, lo mismo presenta minuciosos detalles que panorámicas- es el recurso con que Fellini nos lleva de la mano a su mundo, donde no hay límites espacio-temporales entre sueños, recuerdos, temores; pasamos del interior de un vehículo a una playa con suma facilidad, para después emprender el vuelo cual “cometa humano” y caer de súbito en el interior de una habitación.

Cada fotograma, cada elemento dentro del cuadro es parte de una minuciosa y milimétrica danza. Vemos aparecer frente a nosotros autos en un embotellamiento, hombres, manos sin rostro.  En el momento en la playa, -cuando aparece el caballo- es como estar viendo El Sheik; el hombre sentado en la arena parece salido de La Dolce Vita (ambas obras previas del mismo director).

El protagonista no aparece más que como un sin rostro, una sombra, un fantasma más dentro de ese “lugar” poblado de espectros. Su identidad se diluye ante la dolencia que le aqueja.

Y es a partir de la figura del creador planteada en la obra que se ha constituido una cierta mitología, derivada quizá en clichés. El director de cine sensitivo, atormentado, con un gran ingenio, preso de la fama obtenida tras el éxito, que busca que se conciba a su obra como arte y no como negocio o espectáculo, incluso bien parecido y bien vestido, y, obviamente, rodeado de mujeres.

Y he aquí la verdadera fuerza motriz de la cinta, y de la vasta imaginería Felliniana, valga la expresión. La mujer y su importancia en la vida del creador.

Si el “alma” del autor anhela la redención, ese bálsamo que le cure, este aparecerá con rostro, nombre y cuerpo de mujer. La mujer como la Musa que se busca incesantemente. La mujer también como compañera o esposa, madre, amiga confidente, enfermera, amante demandante, actriz obsesionada, e incluso la mujer como la potenciadora del precoz despertar sexual.

Anouk Aimée, sobresaliente como Luisa la desatendida esposa y compañera de vida,  y Claudia Cardinale que materializa a la musa-actriz objeto del deseo (y que ilumina la pantalla con su sola presencia) encabezan el reparto con el cual se señala la multiplicidad de conceptos que de la mujer tiene al autor.




“En una obra llena de símbolos, es éste el peor” –refiriéndose a la musa salvadora- se apresta a decir Fellini, buscando quizá protegerse de las críticas recibidas a priori y a posteriori de esta y sus demás obras. Hace algo similar con quien personifica al guionista, al hacerle decir que la película –dentro de la película- carece de premisa filosófica y por lo tanto, hay en ella una serie de episodios gratuitos que divierten por su realismo ambiguo.

Fellini (voluntaria o involuntariamente) entonces es implacable con sí mismo, al mismo tiempo que lo es con aquellos que le critican.

Ocho y medio es pues, una obra llena de momentos mágicos, circenses, con seres y hechos fantásticos, donde las palabras  “ASA  NISI MASA” son un mantra capaz de transportarte a ese tiempo que se ha ido, a esa infancia en la que no había más expectativa que sonreír, donde no se buscaba a una Claudia Cardinale. Pero también remite a la soledad del proceso creativo, a veces doloroso o poco gratificante, otras veces insuficiente. Es un homenaje a las musas de todos los días, las mujeres de nuestra vida (no por nada Greenaway retoma esta idea para su homenaje a Fellini, 8 & ½ mujeres).

Momentos a destacar son muchos, pero me quedo con dos. El Voluptuoso baile de la Saraghina –irreverente, anti solemne- y con una de mis secuencias cinematográficas favoritas (no sin polémica de por medio) que bien podría traducirse como una fantasía del hombre occidental –pues transgrede los preceptos culturales monógamos-. Aquí “El Creador” en sentido literal y figurado… mejor véanlo.


miércoles, 15 de junio de 2011

De lunas, padres, hijos y héroes viajando en el tiempo

¿El tiempo es una línea continua de eventos a la que se podría acceder en todo momento? San Agustín de Hipona diría que no,  que el único tiempo que existe es el presente, y que el pasado y el futuro no  “son” más que cuando se hacen presente(s).

Esto anularía las premisas de cintas como las de la zaga de Zemeckis, o a Wells (y su máquina del tiempo) e incluso la serie televisiva Quantum Leap, por citar obras vinculadas con la concepción del tiempo.

Duncan Jones estrenó esta semana su segunda película llamada “Source code“. Un hombre –Jake Gyllenhaal- puede vivir los últimos 8 minutos en la vida de una persona, con miras a evitar una futura catástrofe. Aquí el personaje puede vivir el acontecimiento una y otra vez –reinventarse podría decirse-


Si de alguien podemos decir que tiene la capacidad de reinventarse–artísticamente hablando- es de Mr. David Robert Jones -Ziggy Stardust o también llamado David Bowie-. Pues bien, Bowie tiene dentro de su currículum ser padre de Duncan. Y  algo significativo debería dejar Bowie en ti si es tu padre.




Moon es su primer largometraje. Sam Rockwell interpreta un astronauta que tiene la posibilidad de llevar varias vidas a la vez, no sin generarse problemas de identidad por ello. Solvente historia donde un hombre se enfrenta a sí mismo y a la vastedad del universo. El silencio del espacio te obliga a extrañar el hogar y  quizá no haya peor lugar para hacerlo. En ciertos momentos (las alucinaciones en particular) Moon nos remite a Solaris de Tarkovsky, y obviamente a Kubrick y su obra maestra, además  existe una máquina (GIRTY, con la voz de Kevin Spacey) que es una suerte de homenaje a HAL9000 aunque con mejores resultados para el astronauta. Una sobria fotografía y la música de Clint Mansell redondean la historia original de Jones.




Cuando esto sea leído ya se habrá apreciado Source Code y notaremos que una constante en la obra de Jones es que muestra personajes con la posibilidad de reinventarse una y otra vez, pudiendo llevar más de una vida, dándole cuerda incluso a las historias mismas.

Imagino a un joven Duncan tarareando Heroes, pensando en las películas que hará algún día. Historias donde los personajes tienen ante sí infinitas posibilidades de ser, quizá como el tiempo, quizá como el universo, quizá como su padre le enseño desde siempre.